Estilo bravucón
Como leía hoy en el Sport, el mundo del fútbol actual tiene un problema muy grande. Y no está en los terrenos de juego, sino en los palcos, donde algunos presidentes se las dan de "seres superiores". De hecho, es un problema que siempre ha tenido pero parece que mientras la sociedad avanza y lima algunas de sus deficiencias el deporte rey no sólo mantiene aspectos retrógrados sino que los agranda.
El primero que salió a la palestra fue el fallecido Don Jesús Gil. Su verborrea y su actitud chulesca y violenta le llevó a algún que otro enfrentamiento, llegando incluso a las manos (en una imagen para olvidar) con su homólogo en el Celta, Caneda. Tras aquello muchos fueron los que intentaron emular al peculiar presidente colchonero. Ramón Mendoza, el mismo Caneda y, no piensen que me olvido, Joan Gaspart entre otros. Gente con un afán de protagonismo excesivo. Se identificaban con el club que dirigían de tal manera que un silbido hacia el equipo era considerado como una ofenda personal. Personas que cuando abandonaron el mundo del fútbol alentaron un suspiro de alivio general. Pero fue sólo un respiro. Los nuevos ricos, forjados a base de cemento y petróleo, optaron por dedicar sus inmensas fortunas en el deporte y las reglas del fútbol les pusieron las cosas muy fáciles. Así llegaron Dimitri Piterman, Roman Abramovich, Florentino Pérez, Silvio Berlusconi y otros. Ningún club se ha salvado de estar dirigidos por personajes de esta calaña. Los últimos en aparecer son José María del Nido y Ramón Calderón. Menudas piezas.
Resulta que el Sevilla, justo ganador de la Copa de la UEFA y de la Supercopa de Europa, es declarado por la institución de estadística europea como el mejor equipo del mundo. Sí, por delante del Barça, que si mal no recuerdo ganó la Champions League y superó al Sevilla en la Liga. Y eso se le ha subido a la cabeza a su presidente. No se entiende sino que declarase que Ronaldinho, el mejor futbolista del mundo por mucho que los jurados se molesten en negarlo, no tiene lugar en su equipo.
Lo de Calderón es una prueba de que el Madrid está mal, muy mal. Tantos años en la sombra de Florentino han hecho mella en el dirigente blanco. Lanzando campanas al vuelo, anunciando a bombo y platillo que irán dos o tres veces a la Cibeles este año no sirve para ganar títulos. Querer no es poder. Y por lo que se ve en el campo el Madriz no da garantías de que la estatua de la diosa vuelva a estar coronada por una bufanda blanca. Otra cosa es decir, como hizo hace pocos días, que la capital de España es Real Madrid. Allá ellos, pero hasta hace poco muchos creían que era Barcelona, ciudad olímpica. Porque Madrid todavía no han celebrado unas, que yo sepa.
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