Messidona, Mesyff, Messibauer, Messibala, Messielé...
Pocas palabras, que no se hayan dicho ya, quedan para definir el primero de los dos goles que marcó ayer Leo Messi. De todas, me quedo con una, FÚTBOL. En mayúsculas. La jugada tiene todo lo que caracteriza al deporte rey: regate, velocidad, fuerza, definición, fintas... La pura esencia de aquel viejo deporte de finales del siglo XIX, llamado football. La "pulga" blaugrana trajo a la memoria de todos al gran Diego Armando Maradona y su gol ante Inglaterra en Mexico 86. Pero, a mi, me trajo mucho más. Me devolvió las imágenes que de niño coleccionaba en forma de cromos. Las escenas en blanco y negro que mi padre me instaba a ver para que aprendiese cómo se jugaba de verdad. Eran acciones que salían de las botas marrones de unas personas llamadas Kubalas, Kocsis, Di Stéfano, Puskas, Gento, Cruyff, Pelé, Beckenbauer, Rummenigge... A la práctica no me sirvieron de mucho, ya que colgué las botas con 15 años, pero lo que sí me enseñaron es a gozar del deporte. Sin añadidos. Sólo fútbol. Eso es lo que trajo ayer Messi a mi memoria. Un fútbol que ni el catenaccio, ni las galaxias, ni las competiciones... nada ha podido hacer desaparecer y que en algunos momentos aún se manifiesta para reivindicar la belleza del viejo football.
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